¿Cómo son los adolescentes?

Una conocida característica de los adolescentes es el idealismo, se dice que están en constante lucha. Están definiendo su identidad como individuos distintos del resto, por lo que son desafiantes, exigentes y se mantienen en búsqueda de grupos de pertenencia y modelos. Este camino de búsqueda de identidad propia los hace intensos, flexibles y cambiantes. En general sus problemáticas son intensas también, son vistosos, buscan impactar y producir efectos en el otro.

¿Cómo podemos usar estas características para ayudarlos?

A los adolescentes hay que validarlos en sus ideales, en su lucha. El sentido de su lucha tiene que ver con una misión que transmite sus ideales y sueños, lo que les da sentido en la vida. Hay que entender y validar esos sueños, y mostrarles que hay otras maneras más adecuadas de llevar esa lucha. No hay que ir en contra de esa lucha, sino validarla.

Al conectarnos con el valor detrás de la conducta problemática, la motivación de búsqueda de algo que es positivo, podemos entender y connotar positivamente los síntomas. De esta manera podemos plantearnos en contra de la conducta dañina pero en conexión con la necesidad que los mueve a hacer lo que hacen, podemos esquivar la “manipulación”.

Tenemos que ayudarlos a ser diferentes e importantes, y a descubrir cómo hacerlo de una mejor forma. Hay que ir a buscar la dimensión espiritual, el significado o valor. Esto le entrega sentido a las técnicas conductuales.

La misión de los padres, coaches o terapeutas, tiene que ver con construir hacia dónde ir, co-construir futuro. Ayudarlos a mirar hacia adelante y definir objetivos en su vida, encontrar sentido, y que puedan descubrir adonde quieren llegar.

¿Por qué es útil la terapia breve para lograr esto?

La terapia breve, con una mirada sistémica, usa al máximo los recursos y nos amplía la gama de posibles intervenciones. Por ejemplo, un adolescente que se corta tiene un problema, pero también sus papás tienen un problema, así como también lo tienen sus amigos, la sociedad, etc. y así, a estas personas las podemos “usar” al trabajar con el sistema. Al ampliar la mirada, podemos utilizar los recursos no solo del adolescente si no del sistema. Hay que analizar el contexto en su totalidad.

¿Qué recursos podemos encontrar?

La plasticidad de los adolescentes es un recurso tremendo, son fácilmente cambiables e influenciables. Hay que buscar a qué están motivados, que los mueve para así definir un problema trabajable que les haga sentido. Así mismo, hay que preguntar por los intereses, líderes, personas a quienes admiran, las películas que les hayan gustado, libros que hayan disfrutado, etc. Hay que conocerlos cómo personas y encantarse con ellos.

También el grupo de pares se presenta como un recurso, cuando tiene en ellos una influencia positiva. Uno puede contactarlos y hablar con ellos, con su consentimiento. Además está el colegio, que puede ser un recurso, hay que buscar quién es significativo o a quién le importa, puede ser el psicólogo del colegio, los profesores, etc. Estos factores son muy importantes sobre todo si no se cuenta con padres suficientemente presentes o involucrados, ahí se debe buscar a algún otro significativo en la vida del adolescente que pueda hacer de “espejo”, que se puede encontrar en el sistema.

No se debe olvidar que dentro del contexto también hay limitantes, que van a hacer que el trabajo se torne más difícil. Estas limitaciones se encuentran por ejemplo en los grupos de pares, que muchas veces alimentan el problema. Otra limitación es internet, ya que manejan a través de éste mucha información de por ejemplo, como cortarse, como esconderse las marcas, etc.

Se pueden encontrar también padres difíciles, que no aceptan las intervenciones, no ayudan, y muchas veces hasta se mueven en la dirección contraria, en otras palabras “atornillan al revés de la terapia”.

¿Qué podemos hacer para lograr ayudar a los padres con sus hijos?

Lo que suelen hacer los padres es defenderse frente al terapeuta y al relacionarse con sus hijos están centrados en educarlos y corregirlos.

Hay que ayudar a los padres a escuchar, entender y educar a sus hijos. Educar no es darles sermones, no es entregarles información. Los padres pueden aprender a ser un buen “espejo”, a mostrarles aquello que valen, aquello que si pueden, aquello admirable, mostrarles a sus hijos lo que les encanta de ellos. Educar es ayudar al adolescente en su proceso de búsqueda reconociéndoles lo que son, verlos en lo que son, no sólo tratar de formarlos en lo que no son o en lo que deberían ser. A esto yo le llamo coaching para padres.

¿Qué se le recomienda hacer al terapeuta para ayudar a un adolescente?

Lo primero es trabajar con autenticidad y transparencia, los adolescentes son muy perceptivos y no responden bien ante alguien que “trata de caer bien” o que les refleja recursos forzadamente. Para esto hay que ser honestos, directos y empáticos al mismo tiempo. La claridad con la que hacemos el encuadre es fundamental, considerando que es la primera intervención y que el uso de la información es un tema para ellos. Hay que ser claro con los adolescentes respecto al manejo de la confidencialidad en caso de que él corra un riesgo, motivo por el cual sí se debe informar a los padres. Esto es una obligación ética y legal en menores de edad. También es importante decirle al adolescente que si se le pregunta algo y él no lo quiere hablar, es preferible que diga “no quiero hablar de eso” a que diga algo distinto a la verdad, ya que el terapeuta actúa en base a la información que él da.

Se recomienda actuar con franqueza y verbalizaciones empáticas, e incluirlos, hacerlos participar desde el principio explicándoles la forma de trabajo. Hacerlos protagonistas, de manera que se activen, se involucren en el proceso, por ejemplo cuando contestan “no sé” decir “yo tampoco”. Se plantea tratarlos con desafío y calidez, haciendo uso del humor si esto es posible, es muy útil, pero sin exagerar.

Muchas veces llegan desmotivados y sin conciencia de problema, no tratar de convencerlos del punto de vista nuestro si no conectarse con el de ellos, escuchar y hacer muchas preguntas.

¿Qué se puede hacer con adolescentes difíciles?

El humor y la sorpresa son una herramienta útil, se puede tomar atención a aspectos cómicos de la historia, reírse, revelar aspectos propios, improvisar. Las autorevelaciones y el uso de la persona del terapeuta están muy recomendadas, logran involucrar al adolescente. Para activarlo también se puede usar el enfoque de Columbo, que tiene que ver con hacerse el “tonto”, por ejemplo decir “explícame más, no sé muy bien qué hacer, no entendí muy bien”. Esto activa al adolescente.

Un concepto importante frente a adolescentes difíciles es la “utilización”, de Erickson. Tiene que ver con buscar características propias del adolescente y usarlas en beneficio de la terapia, pueden ser habilidades, gustos, etc.

Se plantea como movimiento muy útil el ponerse del lado del adolescente: darle un tiempo de sesión individual y motivarlos a romper su “mala imagen”. Decir por ejemplo “Me dan ganas de que hicieras X y tu mamá se tuviera que quedar callada con XX”.

También se le puede poner en el lugar de un “asesor experto”, preguntándoles consejos y opiniones, por ejemplo, con respecto a los tratamientos anteriores: ¿En qué crees que fallaron contigo? o ¿Qué consejo me darías para ayudar a alguien como tú?

 

Ps. María Inés Pesqueira.