Está demostrado por investigación que el logro de objetivos está directamente relacionado con nuestro nivel de bienestar. Sin embargo, muchas veces nos encontramos sin objetivos, o no pudiendo alcanzarlos. El coaching estratégico nos ayuda a plantearnos objetivos que sí podemos cumplir, y por ende, mejorar nuestro nivel de bienestar.

Hoy, la felicidad, el bienestar (y el coaching), están de moda.

Esto nos ha permitido entenderla más profundamente, y sobre todo, saber que no se encuentra allá afuera en algún trébol de cuatro hojas, no es un regalo divino, sino que tiene que ver con determinadas prácticas que están en nuestras manos. Es decir, mi nivel de felicidad, depende en gran parte… De mi. Este conocimiento, es algo a lo que muchos tienen acceso hoy, gracias a que algunos, lograron que la felicidad se pusiera de moda. Ellos tienen mi más profunda admiración.

Sonja Lyubomirsky y Martin Seligman, en sus estudios, afirman que a felicidad es (en parte: 50% genética, 40% voluntad y 10% circunstancias) resultado de prácticas que yo puedo decidir hacer. Prácticas como Entregar, Enfrentar y Agradecer. Si esto no les suena familiar, les dejamos 2 excelentes libros que leer: Florecer, de Martin Seligman; y la Ciencia de la Felicidad, de Sonja Lyubomirsky. Además, un documental, que aunque superficialmente, resume bastante bien lo expuesto en algunos de estos libros: se llama Happy y está en Netflix.

¿Qué es el Coaching Estratégico?

El coaching estratégico es una versión de esta disciplina que está, mezclando algunas herramientas del coaching ontológico y la PNL, está enfocada en el logro de objetivos de forma concreta y estratégica.

En GRAN resumen, se establece que: Una persona, conociendo donde está (EA), pueda decidir hacia dónde quiere ir (ED), ir a buscar la energía que necesita en sus propios recursos y
valores personales (R y V), y comenzar a caminar. La partida del (EA) requiere un esfuerzo importante, es dejar atrás lo que hasta el momento funcionaba, y partir para llegar al punto (ED), lo que “crees que va a funcionar mejor”.

El camino del EA al ED, es un LARGO camino. Por mucho que quiera el ED, es un muy largo camino. Un camino en que las cosas se nos pueden poner muy difíciles, aparecerán otras que nos darán miedo, y probablemente nos sentiremos solos, porque lógicamente, abandonamos lo que hasta el momento nos era familiar. Aunque no nos gustase, ¡era lo que conocíamos!

El coaching estratégico hace algo muy simple, pero muy eficiente: Traza el puente entre el ED y el EA. Es decir, antes de empezar a caminar, sé que tengo que llegar al EA.1, y ese ya será un logro. Cada paso que doy, lo hago de forma responsable y consciente, es mi camino, es mi esfuerzo, es mi recompensa. Me voy dando cuenta que puedo, que a pesar de que no he llegado, fui valiente y
me moví, estoy a la intemperie, soy un explorador. El saber que “estoy haciendo algo por mi mismo y para mi”, comienza a aumentar el nivel de bienestar, estoy enfrentando lo que me cuesta. Soy capaz de lograr lo que me propongo!

Vamos a aclarar una cosa, esto no es magia. El punto ED no puede ser: ser mejor orador que steve jobs; cuando el punto EA es que no me atrevo a entrar en las reuniones de trabajo porque me podrían preguntar algo. El punto ED no es tener los abdominales de David Beckham cuando el punto A es nunca haber hecho un abdominal.

El definir objetivos alcanzables, y todos los pasos que debo lograr entre mi EA y mi ED, me permite ir saboreando cada uno de los logros. Sabiendo que los logros personales aumentan nuestro nivel de bienestar, y que puedo ponerme desafíos alcanzables, me permite hacerme protagonista de mi propio bienestar. Aquí es donde quiero conectar al Coaching Estratégico con la felicidad y el bienestar.

Para muchos, la felicidad es una nube que miran desde abajo y esperan en algún momento de su vida, alcanzar.

Muchos coachees se han sentado frente a mi, y ante la pregunta: ¿Qué es lo que esperas de este proceso de coaching? Me han respondido: Ser más feliz. Lógico, es de alguna forma algo que todos añoramos, ser más felices. Sentirnos mejor con nosotros mismos. Sin embargo, ese es un objetivo tan ambiguo como “Quiero ser el mejor”. Lo que el coaching estratégico ha aportado al trabajo con el bienestar, es que ha sido capaz de ponerle pies a nuestros sueños, y un sueño con pies, es un objetivo.

En palabras de coaching, ha sido capaz de operacionalizar nuestros objetivos. Llevarnos a darnos cuenta que para lograr el (ED), necesito pasar por EA.1, EA.2, EA.3, y a valorar cada uno de esos pasos como un objetivo en sí mismo, como un logro que me aporta bienestar y me muestra que soy capaz de hacerme cargo no sólo de mi felicidad (ED), sino que del camino hacia ella.

Martin Seligman, después de haber estudiado como pueden las personas “florecer”, o hacerse cargo de su propia felicidad”, define el modelo PERMA. Acrónimo de Positive Emotions, Engagement, Relationships, Meaning y Achievement. Lograr objetivos, impacta directamente en nuestro nivel de bienestar.

Pero no se trata de lograr cosas porque sí, sino que lograr las cosas que me propongo. Muchas personas, para “llegar más lejos” se ponen objetivos absolutamente inalcanzables, porque quieren llegar más lejos. No confían en que serán capaces de llegar hasta donde se lo propongan, entonces, dejan el tejo pasado. El problema de esto, es que no conoceré el sabor del logro de mis propios objetivos. Me convertiré en una persona que no puede lograr lo que se propone.

Cómo definir objetivos según el Coaching Estratégico

Para poder saborear el logro de objetivos personales, debemos saber cómo planteárnoslos. Así lo define el coaching estratégico:

Formulado en positivo.

Nadie va al supermercado con la lista de las cosas que no quiere, imagínense cuanto se demorarían en encontrar lo que sí quieren. Con un objetivo es igual, debo saber hacia dónde quiero ir, no de qué cosa me quiero alejar. No busques “Qué quieres dejar de hacer”, busca “qué quieres hacer”.

Concreto y medible

Es una gran forma de engañarnos el decir: Voy a estudiar “más”, o “voy a poner más atención en la forma en que trato a mis colaboradores”. Es imposible que sepas (y que otros sepan) si lo estás logrando o no, y si no lo sabes, no puedes lograrlo. Por ejemplo, si el objetivo es “hacer deporte”, preguntamos: ¿Qué es hacer deporte para tí? Un objetivo requiere un compromiso de tu parte.

Autorresponsabilizado

Muchas veces nos ponemos objetivos del tipo: Quiero levantar mi negocio, quiero encontrar una polola, quiero que mi hijo sea mejor estudiante. Levantar tu negocio no depende sólo de ti, encontrar una polola o lo que haga o no haga tu hijo, tampoco. El problema de esto, es que si el objetivo no depende 100% de ti, el fracaso tampoco. Si el fracaso no es tu responsabilidad, es muy fácil quedarte en el EA, porque la gente no colabora. Lo que debes encontrar es “todo lo que yo pueda hacer para que eso suceda”, de ahí en adelante, confiar.

Ecológico

Este es un término que usa Vicens Olivé en su libro PNL & Coaching, que cuesta explicar. No tiene nada que ver con la naturaleza, pero sí con la sustentabilidad. Se trata de saber exactamente qué voy a perder por lograr lo que quiero. Si me muevo de EA a ED, lógicamente voy a dejar cosas atrás. No sólo lo que no quiero, sino también, algunas otras. Por ejemplo, si quieres encontrar un trabajo:¿Estás dispuesto a no poder seguir viendo “la jueza” en las tardes? ¿A no tener tanto tiempo para salir a correr?

Por ejemplo: ¿Por que “bajar de peso” no es un buen objetivo de coaching?

Porque no sé cómo hacerlo, lo he intentado mil veces y no he podido. Por eso, el coaching estratégico, operacionalizando ese objetivo, podrá llegar al punto EA.1 y saber qué es lo que primero hay que hacer para lograr pesar lo que esta persona quiere pesar: IR AL PARQUE ARAUCO EL SÁBADO A LAS 16:00 A COMPRAR UN PAR DE ZAPATILLAS DEPORTIVAS. Esto tengo clarísimo cómo hacerlo, puedo hacerlo… lo haré.

Cómo operacionalizar un objetivo según el Coaching Estratégico

Bien, ahora ¿Cómo se lleva un objetivo cualquiera, a un objetivo trabajable según el Coaching Estratégico? Primero que todo, debemos conectar el objetivo, sea cuál sea que fuere, con los recursos y valores de su persona. Después de haberlo formulado en positivo y haberlo hecho concreto y autoresponsabilizado, buscaré los valores que están detrás de ese objetivo, que es la energía que necesitará para moverse hacia él. Es la bencina del auto. Y sus recursos, para que sepa con qué cuenta para lograrlo. Luego, se trabaja en hacerlo alcanzable. Trazaremos el puente con un plan de acción.

Estas son algunas preguntas que usamos para hacerlo:

Preguntas para conectar con recursos y valores:

• ¿Qué buscas con eso?
• ¿Qué te aportará eso a ti?
• ¿Cuándo lo logres, cómo serás tú distinto?
• ¿Qué te hace pensar que podrás lograrlo?
• ¿Con qué cuentas hoy para comenzar a caminar hacia allá?

Preguntas para hacerlo alcanzable

• ¿Cuál es el primer paso que darás para comenzar a caminar en esa dirección? • ¿Cómo aporta ese paso a tu objetivo?
• ¿Cómo te darás cuenta que lo has logrado?
• ¿Cómo se darán cuenta los demás?

• ¿Cómo lo celebrarás?

Si el logro de objetivos tiene tanto que ver con nuestro bienestar, más que hacernos expertos en lograrlos, debemos hacernos expertos en planteárnoslos.

Bibliografía:

• Fredy Kofman. Metamanagement, La Nueva Conciencia de los Negocios. 2006. • Vicens Olivé. PNL & Coaching. 2010.
• Martin Selgiman. Florecer. 2011.