El coaching es una disciplina que rápidamente se ha ido ganando un espacio y un nombre en el mundo actual, surgiendo distintas opiniones y preguntas sobre su efectividad y utilidad. Si bien muchas de las técnicas que utiliza tienen fundamentos empíricos importantes, y son verdaderas herramientas que ayudan al crecimiento de las personas y organizaciones, muchas otras de sus prácticas sencillamente no los tienen.

Este fenómeno ha hecho que la gente a veces lo asocie con simples técnicas de autoayuda (similar a lo que ocurría con la psicología años atrás, y que poco a poco ha ido cambiando), disminuyendo la credibilidad que tiene como herramienta, y mermando su reputación pública.

En Centro MIP estamos comprometidos con la efectividad de lo que hacemos, y una de nuestras preocupaciones principales es asegurar que lo que decidimos enseñar sea útil para nuestros estudiantes. Por eso es que queremos contarles que nos equivocamos, y estamos contentos de haberlo hecho. Sí, leyeron bien. En esta nota les contamos cómo, por qué, y qué vamos a hacer al respecto.

Una de las bases del trabajo en equipo es el feedback constante; saber lo que hice y/o aprendí bien y mal, es la mejor guía que puedo tener para mejorar. En este contexto, entender los mecanismos que hay detrás del feedback y que determinan su efectividad, se convierte en una tarea crucial.

Este tema ha sido de interés para muchos autores, y se ha abordado desde diversos enfoques, teóricos y empíricos, centrándose en distintos aspectos del feedback. Uno de los autores chilenos más conocidos es el psicólogo Marcial Losada, que afirma que una de las variables más relevantes a considerar es la proporción de comentarios positivos versus negativos que se mantienen en una conversación (ratio de positividad). Losada propuso un modelo matemático basado en sistemas dinámicos no lineales, con el que sorprendentemente, encontró el valor de esta proporción que asegura el florecimiento humano (medido según diversos indicadores); 3 comentarios positivos por cada 1 negativo. A este valor le llamó ratio crítico de positividad. (Losada, 1999; Losada & Heaphy, 2004; Fredrickson & Losada, 2005).

Este increíble resultado no pasó desapercibido, ni en el mundo académico (más de 1500 citas hasta la fecha en Fredrickson & Losada (2005)), ni en lo aplicado (Apple, Boeing, General Motors y AT&T clientes de Losada Line Consulting), y fue motivo de orgullo para muchos de los psicólogos y coaches, que como nosotros, buscan prácticas basadas en evidencia científica y no sólo en teorías. Por estas razones, desde que lo conocimos el año 2006, lo incluimos como tema dentro de nuestros cursos, y también en el día a día en nuestro equipo de trabajo.

Cuestionando la proporción

Esta validación casi instantánea (debida posiblemente a que basaba sus resultados en una “ciencia exacta”) duró varios años, hasta que otro chileno, Andrés Navas (Presidente de la Sociedad de Matemática de Chile), publicara el 2011 el siguiente artículo. A pesar de que la crítica no es particularmente dura (pudiendo serlo), el autor muestra claramente que la justificación que entrega Losada para elegir el conjunto de ecuaciones diferenciales que usa en su trabajo, deja mucho que desear. De hecho, en la explicación que hace de su modelo usa un lenguaje bastante técnico, y esto hace que a ojos de inexpertos de la impresión de que se está entregando una justificación rigurosa para la elección de sus ecuaciones, pero en realidad, usando exactamente los mismos argumentos, se puede llegar a cualquier otro resultado.

Digo “para ojos de inexpertos” y no me incluyo, pues a pesar de que no tengo la experiencia ni el conocimiento de Navas, estar egresado de Ingeniería Matemática en la Universidad de Chile me da todas las herramientas que necesito para entender y analizar los trabajos que comento en este artículo. Además soy hijo, hermano, cuñado y novio de psicólogas, por lo que tuve todo el apoyo que necesité para comprender sin problemas la parte humanista de estos trabajos.

A pesar de que la crítica de Navas ponía en duda fuertemente la validez del trabajo de Losada (pues un resultado basado en ecuaciones arbitrarias, es inevitablemente arbitrario), el artículo no tuvo mucha difusión, probablemente porque (como los más interesados se habrán dado cuenta) está en francés. Además como está publicado en una revista de matemáticas, y la gran mayoría de los que estudiaban y trabajaban con la teoría de Losada no eran matemáticos, fue difícil que llegara a manos de estos últimos.

Caso distinto fue el del trabajo que hicieron Nicholas Brown, Alan Sokal y Harris Friedman, que llegaron incluso a publicar un paper (Brown et al., 2013) sobre los errores que ellos consideraban que tenía el trabajo teórico y empírico de Losada. Dentro de las muchas críticas que hace este artículo, algunas de las que considero más preocupantes son:

1) El tipo de variables que se consideran no es compatible con el uso de ecuaciones diferenciales.

2) Se entrega muy poca información sobre los datos y la metodología utilizada. Por ejemplo, no hay información demográfica de los participantes, no se menciona la duración de las reuniones, y tampoco la forma en que se seleccionaron los grupos de personas.

3) El sistema de ecuaciones que se propone tiene 3 parámetros libres (esto quiere decir que el modelador puede elegir qué números asignarles, y dependiendo de esto, los resultados serán distintos), a los cuales da valores de forma totalmente arbitraria e injustificada.

4) Algunos de los resultados obtenidos se mencionan sin mostrar evidencia alguna de ellos. Por ejemplo, Losada comenta en (1999) que las series de tiempo generadas por su modelo tienen “las mismas características generales que las series de tiempo observadas en el laboratorio”, pero no menciona cuáles son estas características generales, y tampoco muestra la información empírica de las series de tiempo medidas en su laboratorio.

Pueden encontrar una versión detallada de la interesante historia que llevó a la escritura de Brown et al. (2013) en el siguiente artículo, y traducido aquí.

Losada responde

Cuando me enteré de todo esto (a fines de 2013), quise saber qué había respondido Losada frente a este ataque, y como él decidió no dar explicaciones públicas, le envié un mail con pocas expectativas de recibir una respuesta, pero respondió el mismo día. En resumen me dijo que como sus críticos no tenían datos para contradecir los suyos, lo que él plantea sigue siendo vigente. Además mencionó que no hay ninguna duda con respecto a lo que los equipos de trabajo necesitan para llegar a un alto desempeño.

Losada toca un punto importante en su respuesta, una cosa es que critiquen su modelo matemático y otra cosa es lo que dicen sus datos empíricos, y si bien hay argumentos suficientes como para decir que el modelo matemático no está justificado, desmentir una afirmación empírica es más difícil. Ahora, aunque él diga que la única forma de criticarlo es mostrando otros datos que lo invaliden, lo cierto es que existen muchas otras formas de hacerlo. Por ejemplo, se puede discutir la forma en la que se tomaron los datos originales, el manejo estadístico de éstos, la existencia de sesgos, y la posibilidad de replicar los métodos y resultados, entre otras cosas.

Buscando más referencias

Al leer la respuesta de Losada me surgió una nueva inquietud, más allá del cuestionado modelo matemático, ¿qué dice la investigación empírica sobre el ratio de positividad? Buscando información en esta línea, rápidamente me di cuenta de que si bien Losada decidió no responder a Brown et al. (2013), caso distinto fue el de Fredrickson (su coautora del trabajo del 2005) que sí escribió un paper a modo de respuesta (Fredrickson, 2013).

La autora comienza el trabajo aceptando que Brown y sus colegas entregan razones suficientes como para cuestionar el modelo matemático que Losada y ella adoptaron, pero advierte que no hay que “botar al niño con el agua sucia de la bañera”, pues algunos de los resultados mencionados en el paper del 2005 tienen ahora (2013) fundamentos empíricos aún más firmes. Además, aclara que su objetivo no es defender el trabajo de Losada, pues no tiene ni la experiencia ni el conocimiento para hacerlo, si no actualizar y fortalecer la evidencia empírica que respalda el valor y la no-linealidad de los ratios de positividad.

El trabajo empieza con una breve explicación de la “Teoría de ampliar-y-construir”, junto con su soporte empírico, y luego aborda el rol que tienen las emociones positivas en el florecimiento de la salud mental humana, mostrando también evidencia empírica sobre la importancia de éstas. Después, discute los efectos negativos que trae tener “demasiada positividad”, argumentando que gran parte de los datos existentes muestran que, si bien en general niveles más altos de positividad están asociados a un mayor florecimiento (en diversas áreas), niveles excesivamente altos de positividad comienzan a ser perjudiciales. Este comportamiento en matemáticas se llama no linealidad, y es la razón por la cual la autora afirma que los científicos investigando fenómenos afectivos deben de usar herramientas matemáticas capaces de tratar este tipo de información, a pesar de las críticas hechas por Brown y sus colegas, que sostienen que hay que tener cuidado al usar sistemas dinámicos no lineales.

Aquí es importante hacer una pausa para aclarar una posible confusión conceptual. La no linealidad en sistemas dinámicos y la no linealidad en los datos son dos temas totalmente distintos, pero Fredrickson a veces escribe como si fueran lo mismo. No quiero que se malinterprete lo que estoy diciendo, yo respeto y valoro muchísimo el trabajo de Fredrickson como psicóloga y como investigadora, pero entender correctamente qué involucra hablar de sistemas dinámicos no lineales puede ser difícil para personas no expertas en el tema. Además ella misma dice que no tiene ni la experiencia ni el conocimiento para defender el trabajo de Losada, por lo que no es demasiado descabellado pensar que pueda haber malentendido los conceptos.

La autora continúa el trabajo comentando diversos estudios que respaldan sus afirmaciones, de los cuales uno me llamó la atención, Diehl, Hay, y Berg (2011). En esta investigación se observó que los datos para los adultos jóvenes calzaron bien con la predicción de Losada (es decir, el ratio de positividad que distingue a los calificados como florecientes de los otros fue 3 a 1), pero los ratios de positividad para los adultos medios y para los más viejos resultaron significativamente mayores y más variables. De hecho, en estos grupos de más edad, incluso individuos calificados como languidecientes (lo opuesto a florecientes) mostraron ratios de positividad mayores o iguales a 3 a 1. Diehl y sus colegas explican que estas diferencias podrían estar reflejando diferencias en edad, o quizás alguna característica relacionada a la edad, como circunstancias de trabajo o del día a día.

Este hecho responde al cuestionamiento natural de lo raro que sería que existiera un valor único y universal que gobierne el bienestar mundial, independientemente de la edad, cultura, religión, sexo, situación socioeconómica, historia de vida, estado de ánimo, etc. No estoy diciendo que ese planteamiento sea imposible, de hecho no tiene nada de malo intentar probarlo, pero por ejemplo, ¿por qué debiesen de tener el mismo comportamiento los individuos de distintas edades? No plantearse preguntas como ésta, generalmente hace no poder ver la respuesta, y como se ve en Diehl et al. (2011), hay evidencia de que la edad es un factor relevante a considerar.

Es posible que haya otras variables que afecten el modo en el que el ratio de positividad se relaciona con el florecimiento humano, sin embargo por casi 10 años fuimos ciegos a este lógico planteamiento. Una posible explicación a este extraño y dañino comportamiento que tuvo la comunidad científica en torno a este tema, es que se tomó el modelo matemático de Losada como una verdad, por lo que no hubo necesidad de seguir cuestionándolo. Es importante aprender de este error, y continuar investigando responsablemente.

Para finalizar su artículo, Fredrickson cambia su afirmación anterior (“un ratio de emociones positivas a negativas igual o mayor a 2.9 caracteriza a los individuos con salud mental floreciente” (Fredrickson & Losada, 2005) por una “menos dramática, pero igual de útil” (Fredrickson, 2013): “más [emociones positivas por cada negativa] es mejor, dentro de ciertos límites”.

Sin embargo, esta teleserie académica no se termina aquí, después de esto Fredrickson y Losada emitieron una corrección a su trabajo del 2005 (Fredrickson & Losada, 2013), y luego la revista American Behavioral Scientist (que es donde se publicó Losada & Heaphy (2004)), emitió una “Expresión de Preocupación” (American Behavioral Scientist, 2014) en la cual concluye que el modelamiento y las predicciones hechas en Losada & Heaphy (2004) no están respaldadas. Después Brown y sus colegas respondieron a Fredrickson con dos trabajos más Brown et al. (2014a) y Brown et al. (2014b). Y finalmente, Losada rompe el silencio con un artículo (Losada, 2014) en el que se defiende de las críticas que le han hecho.

Muchos de los que conocían y apreciaban el trabajo de Losada y Fredrickson sobre los ratios de positividad, y en particular sobre el ratio crítico, ahora deben de estar pensando que está todo perdido. Eso mismo me pasó a mí y a gran parte de las personas que leyeron en otros medios las críticas que he mencionado. Pareciera que el ratio de positividad pasó de ser uno de los conceptos más importantes y potentes del coaching y la psicología, a ser uno de los más menospreciados (al día de hoy, 18/5/2016, al buscar “positivity ratio” en google, la mitad de los resultados son críticas), pero la verdad es que ninguno de los dos extremos tiene la razón. Aunque es cierto que el modelo de Losada y el ratio crítico de positividad (ratio de positividad que distingue a los individuos florecientes de los otros) no tienen ningún sustento matemático ni empírico, se ha visto claramente que niveles de positividad altos (dentro de un rango normal) están asociados a mayores niveles de florecimiento humano. Eso sí, falta información como para concluir cuál es el número comentarios positivos vs negativos que están asociados a mayor florecimiento en cada situación. Además, es importante aclarar que ninguno de los estudios mencionados, y ningún otro que yo conozca, tienen la metodología necesaria para hablar de causalidad. Esto significa que a partir de estos trabajos no se puede concluir que subir el ratio de positividad causa un aumento en el florecimiento. Lo que muestran estas investigaciones es que las personas que tienen un mayor ratio de positividad, en general tienen un puntaje más alto en la variable que se esté usando para medir florecimiento. Esta información es muy relevante, pero para poder hablar de causalidad hay que seguir investigando.

Nos importa la positividad 

Según mi opinión, entender correctamente cómo afecta el ratio de positividad en la vida de las personas es una objetivo importante a estudiar, y sólo la investigación metodológicamente responsable, bien documentada, y replicable puede darnos respuestas claras. Si los resultados encontrados por un grupo de investigación no son replicables por otros investigadores, no podemos considerar esos resultados como ciertos, independientemente de si están publicados en un paper y/o en una revista importante.

Queda en manos de todos los psicólogos, coaches y personas en general informarse correctamente, no creer tan rápido lo que encuentran en internet ni quedarse sólo con lo que les dijeron, si no que leer las fuentes, ser críticos con lo que leen, y ser críticos con las críticas.

Esta es una reflexión que hemos hecho como equipo, y que tuvimos la oportunidad de hacer sólo porque nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado. Dijimos muchas veces en nuestras clases que todo esto era verdadero y basado en información científica, y como hemos visto, eso no es cierto. Así es que a pesar de que no nos gusta hacer las cosas mal, estamos contentos, pues tuvimos espacios de estudio y de discusión, y gracias a eso pudimos aprender algo valioso, corregir nuestros errores, y pararnos en un terreno mucho más claro y próspero sobre el tema.

Finalmente, quiero aclarar que lo que he escrito aquí se basa en lo que he leído, y obviamente no he leído todo lo que existe sobre el tema. Con este artículo no pretendo zanjar la discusión definitivamente, si no resumir y explicar en palabras sencillas qué es lo que dicen este montón de papers e investigaciones. Si conoces algo que puede aportar al artículo y no lo he nombrado, o si tienes algún comentario, duda, idea o reclamo, por favor escríbeme (mis datos están al final), pero recuerda hacerlo con una proporción de positividad alta, si lo haces, ¡te aseguro que mi próximo artículo será mejor!

Por razones de extensión decidí dejar de lado en este artículo los trabajos más recientes sobre el tema (y comenté solo brevemente los otros), pero pronto podrán descargar la versión completa aquí mismo, los mantendremos informados.

 

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Lucas Uribe

Tesista de Ingeniería Matemática en la Universidad de Chile.

Miembro del Directorio y Asesor de Investigación en Centro MIP.

Contacto: lucas.uribe@centromip.cl