Las necesidades afectivas del supervisado en un encuentro de supervisión son uno de los aspectos que todo supervisor evalúa y cuida en Centro MIP. Las preguntas como: ¿Puedo contar contigo? Si te necesito ¿estarás disponible? ¿Me responderás? ¿Me escucharás? ¿Puedo confiar que sabrás reaccionar a lo que necesito? Son preguntas que suelen acompañar a un supervisado al llegar a un encuentro de supervisión.


La empatía y la continua evaluación que realiza el supervisor son parte fundamental de crear un espacio seguro de supervisión. ¿Cómo viene el supervisado? ¿Qué necesita para sentirse seguro? ¿Cuál es el ambiente afectivo que facilitará su capacidad de abrirse, de explorar lo que ha hecho y construir nuevas posibilidades? Estas son algunas de las preguntas que están permanentemente en la mente del supervisor.

Uno de los sentimientos que puede amenazar la seguridad es no sentirse suficiente ¿Seré suficientemente inteligente, suficientemente reflexivo, suficientemente creativo, suficientemente estratégico, suficientemente bueno como terapeuta? Tener el coraje de ser imperfectos y normalizar eso como algo que es parte de todos nosotros, es fundamental. Así, por ejemplo, el supervisor puede nombrar uno o varios errores que ha cometido con pacientes, como metodología para mostrar que equivocarse es un camino necesario para aprender.

¿Cómo cuidar en supervisión que el otro se sienta escuchado, valorado y visto en sus recursos, reconocido en sus posibilidades e imposibilidades?

Para el supervisor MIP igual de importante que las preguntas que hace, o las sugerencias que da, es cómo está presente con el supervisado. Es fundamental estar presente desde la apertura al otro, desde el irrenunciable respeto por su individualidad y desde la profunda convicción que tiene en si mismo lo que necesita para avanzar y mejorar.

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Paola Ceruti

Docente Especialista Centro MIP.