Los supervisores si bien podemos enseñar muchas técnicas y desarrollar múltiples competencias con un supervisado, es fundamental el lugar en el que nos posicionemos para hacerlo. Es fundamental que ese lugar sea principalmente desde el servicio lo cual se traduce en la práctica en tres actitudes que toma el supervisor.

Primero, el supervisor supervisa PARA el supervisado y su caso, lo cual implica primero poner especial atención a la inquietud con la cual llega ese terapeuta intentando profundizar en cuál es la preocupación que tiene y qué espera llevarse del encuentro de supervisión. Es por esto que el supervisor dedica un buen tiempo a ahondar en la pregunta de supervisión, dado que es desde ahí donde el supervisor recibe las preocupaciones y anhelos del supervisado. Por otro lado al finalizar el encuentro de supervisión el supervisor realizará varias preguntas con el fin de cerciorarse que el supervisado se haya llevado lo que vino a buscar.

Segundo, el supervisor supervisa DESDE el supervisado, lo cual implica respeto y validación por la experticia del otro y su manera de hacer las cosas. El supervisor no pone en primer lugar su mirada, sino que se hace experto en la cultura del otro, su historia, sus posibilidades, sus recursos y desde ahí lo ayuda a buscar una solución al estancamiento que está experimentando con su caso. El supervisor sabe que hay muchas maneras de hacer buena terapia y muestra respeto por los esfuerzos del terapeuta, hayan sido éstos exitosos o no.

Lo anterior implica una actitud de permanente adaptabilidad de parte del supervisor quien se “empapa” del terapeuta y su mirada del caso y de si mismo. Es desde ahí donde el supervisor va abriendo nuevas miradas y posibilidades en el terapeuta lo cual permite la emergencia de nuevas competencias y efectividad.

Tercero, el supervisor supervisa CON el otro, lo cual implica cuidar al terapeuta en sus inquietudes y necesidades. Mantenerse cerca afectivamente del supervisado disminuye su ansiedad y aumenta su apertura al aprendizaje dado que se encuentra en un ambiente que, siendo desafiante, no es amenazador. Lo anterior se puede reflejar en diferentes acciones que despliega el supervisor tales como normalizar, validar, reforzar, empatizar, contener o aliviar mostrando así una actitud empática y cercana con el supervisado.

Así queremos destacar que la supervisión es un encuentro donde una persona está al servicio de la otra, es decir, está supervisando para el otro, desde el otro y con el otro. En ese lugar, el rol principal del supervisor es ayudar al supervisado a avanzar tanto en el logro de sus metas profesionales como en su desarrollo personal.